Sobre Corre hacia tu vida, por Trigémino

 

LOS TRILLIZOS SON CUATRO O CINCO

Se llama nervio trigémino al que tiene tres grandes ramas principales que se distribuyen por la cara: la rama oftálmica, que da sensibilidad a la frente, ojos y parte superior de la nariz; la maxilar, involucrada en la sensibilidad a las mejillas, labio superior, dientes superiores y nariz; la mandibular que inerva la mandíbula, dientes inferiores y lengua, y además controla los músculos de la masticación. Como todo el mundo sabe, los sentidos básicos son cinco, pero al trigémino el oído y el tacto le quedan afuera. Será por eso que esta banda comenzó con tres integrantes, pero devino en quinteto, en un intento de cubrir todo el territorio de la sensibilidad. Debutaron en 1976 con Juan «Pollo» Raffo(teclados), Jorge Minissale (guitarra), Clauida Puyó (voz), Marco Pusineri(batería) y Eduardo Rovediello (bajo). En 1977 ingresó como cantante Carlos Garófalo, quien al año siguiente se encargó también del bajo.

La banda estuvo activa hasta el año 1981. Luego de una larga pausa, el nervio volvió a tensarse en el 2018, en otra de sus paradojas. Esta vez eran cuatro, Minissale, Raffo, Pusineri Y Garófalo.

 

Fotografía, Gloria Guerrero

Por entonces, editaron el disco Trampas para engañar, del que en una entrevista comentaba Minissale: “Quisiera creer que somos como los buenos vinos añejos” (1), Y Raffo agregaba: “Es como ver una foto vieja. Sos vos, pero no sos el mismo»(…)»En aquel momento (los inicios), en torno a la banda se generaba un espacio al que se acercaba mucha gente; había una comunión. Eran tiempos en los que no podías salir a la calle a generar cosas, por lo cual después de los ensayos la cosa seguía; había performances, leíamos poesía…»(2).

Arte de tapa, Guillermo Caputti

Y acá me detengo con un dejo de una extraña nostalgia por escenas que no viví personalmente, pero forman parte de mi memoria, de mi imaginario, de aquello entrañable que desde el recuerdo puja hacia el deseo. Unas ganas locas, no de repetir las mismas formas y los argumentos, pero sí de volver a hacernos con las fuerzas involucradas en ese placer por lo comunitario. Algo muy parecido a esa idea en la que insiste Fernando Pessoa, sobre todo en El libro del desasosiego: la saudade, ese sentir la ausencia de algo que se ama, incluso cuando nunca llegó a existir del todo.

Toda esa sensación regresó este sábado 20 de diciembre en la presentación de “Corre hacia tu vida”. Un viaje en el tiempo mucho mejor que la nostalgia, porque no había que irse para atrás. El pasado venía de visita, se sentaba en las primeras butacas y se mezclaba con el presente.

Fotografía,Gianni HB

 

En los 70 yo estaba en la primaria. Pero la banda sonora de mi infancia era la música clásica que llegaba desde el living de mi casa (mi viejo extasiado, sobre su sillón verde, los dedos inquietos a modo de batuta); la que venía desde la pieza de mi hermano: Zappa, Yes, Génesis, Jethro Tull, Los Beatles; y el rock nacional, firme, en la radio portátil que paseaba por todas las habitaciones. Algo en común había entre esas tres vertientes, era un mismo río. Un río-por lo menos-trigémino.

 

 

Fotografía: Alexander Grest

UN REFLEJO RECORRE LA SALA

Hay un piano adentro del piano que toca el Pollo Raffo. O tal vez sea solo que las manos, las teclas y su remera estampada con un teclado se reflejan en la parte frontal del instrumento. Y justo nos tocó estar sentadas en una posición donde podemos optar por mirar lo real o su reflejo. Por supuesto, optamos por el reflejo, elegimos transitar este viaje que irá desde una canción desatada hacia una luz que ilumine la espectral confesión. 

Fotografía, Milena Stoppelman

La canción se desata en el primer tema del disco “Corre hacia tu vida”. Pareciera que el imperativo, tanto en el título de la letra como en el del disco, no tiene que ver con la urgencia, que de eso ya tenemos bastante. Más bien, con todo lo contrario. Ponerse en movimiento- no correr al banco, llegar a horario a la clase, terminar a tiempo la nota- es un modo de conocimiento por despojo:Corre hacia tu vida /se agita tu ventana/todo camino va/(…)Ya no serás tu nombre”. Perder el nombre, las identidades pesadas, los roles, la máscara y su rendir examen cotidiano. Algo así como ganar gracias a lo que se pierde: “El momento en que estás/Cruzando la frontera/Saber adónde vas.”

¿Y quién corre si perdés el nombre?: “El personaje de las canciones puede s

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er cualquiera de nosotros”, dice Minissale “(…) El protagonista, que es cada uno de nosotros, es un personaje que atravesó los dos siglos en este lugar del continente, viendo lo que pasó y lo que está pasando en nuestra vida y en nuestra historia”. (3). Cualquiera de la banda, o cualquiera de nosotros, en tanto atrevidos a lo impersonal, a lo más propio.

Para María Zambrano, todo pensamiento verdadero requiere descentrarse del ego. Se trata de dejar que la realidad hable, en lugar de imponer sobre ella nuestras categorías o intereses personales. Lo impersonal no significa indiferencia, sino superar la subjetividad limitada. Es un acto de apertura, de pensar poéticamente. Algo así como: “La lluvia escucha el viento /Despierta sobre el mar”. Y, entonces, sí, felizmente: “Ya no serás tu nombre.”

Y de este modo Corre hacia tu vida inaugura una experiencia abierta, receptiva: “Trampas para engañar refleja una época de nuestras vidas, cuando éramos jóvenes de veinte años. En cambio, Corre hacia tu vida surgió como una necesidad o un reflejo de mostrarnos como personas maduras, que pasamos por muchas de las situaciones que vivimos aquellos que superamos las seis décadas”, (Raffo,3)

Un reflejo sin nombre recorre la sala. Y un homenaje: todas las frases del estribillo son citas de temas de rock argentino de aquellos años.

Fotografía: Diego Prol

 

DESCLASIFICADOS

“El disco tiene un recorrido que arranca con la idea de la inocencia, de los sueños cuando uno empieza a vivir. Lo que ocurre es que, en nuestro caso, pasó lo que vino a partir del 76, con todas las implicancias que tuvo. Esto lo reflejamos en “El cuarto gol”. Y así vamos desarrollando la historia a lo largo de los ocho temas del disco, hasta llegar al nuevo siglo y haber transitado un cuarto de él”. (Raffo3)

En su Memorias, Jacobo Timerman escribe:Los disidentes argentinos apoyábamos al equipo de Holanda porque era una forma de oponerse a la propaganda de la dictadura.”

Por su parte, León Rozitchner señalaba una y otra vez cómo las celebraciones colectivas en contextos de represión adormecen la conciencia ética de la población. Y “El cuarto gol” canta: “Parábola en el aire hacia la mar/Y mientras ella sube /El pibe vuelve a patrullar la sombra/Y mientras ella alcanza altura de crucero/La radio del pañol/Repite el cuarto gol /Repite el cuarto gol.”

¿Cuándo nació la crueldad, el goce con provocar daño voluntario, la desconsideración de la existencia y la vulnerabilidad del otro, el quiebre absoluto con todo vínculo a algo más grande que la banalidad de la furia?

Dice Spinoza que la vida no va contra la vida, que a la vida le repugna lo que la entristece. Así es porque estamos atravesados por las mismas leyes naturales que hacen girar un planeta o brotar la hierba.

Pues sí que nos hemos encargado de ir contra la naturaleza. Quizás solo lo poético, en sus múltiples formas, nos deje un resquicio para combatir nuestra derrota. En el caso de Trigémino, poesía musical que hace sonar las huellas de la memoria. Cicatrices sonoras vueltas del lado de la vida reverberan en el tema “El cuarto gol” y agitan el fondo del mar.

Claudia Fontés, Reflejos de agua del Río de la Plata sobre acero inoxidable pulido espejo
1999–2010

EL ORIGEN DE LA LUZ

 

Está linda la noche. Vamos por el tercer tema, subidos al reflejo que ya ha salido de adentro del piano y se mezcla con los versos.

No soy música, no sé de música, disfruto mucho de la música. En especial, del modo en que los sonidos, libres de todo concepto, se trenzan con las palabras. Ellas tienen su propia sonoridad, pero aliadas a los instrumentos musicales hacen nacer esa forma de poema aéreo que es la canción.

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Es difícil seguir la letra cuando una la escucha por primera vez. Mejor cazar palabras al azar, recurrencias, regresos en matices de insistencias, que en Corre hacia tu vida confluyen siempre en la luz.

Cosa extraña la luz. Surgida como radiación liberada en el universo temprano, luego se generó constantemente por estrellas, galaxias y otros objetos astronómicos: “Somos naves, la fuerza, la paz/Recorriendo caminos volver a confiar /Cosechar el valor de los siglos/Sube esta canción, vamos al sol/Cielos de color donde el tiempo su vértigo detiene/ Para abrir por fin un espacio de luz.”

Si en “El cuarto gol” la canción descendía al mar para redimir a los nombres tachados, en “Cosecha” sube en busca de un bien escaso, la confianza, esa apuesta a “Cosechar el valor de los tiempos/ que guardan y serán/Un mañana que ve la unidad.”

William Turner

Ojalá luego descienda, híbrida de ave y estrella, como en un cuento de Arnaldo Calveyra: “Días y tardes en que la luz, por descansar unos momentos de sus trabajos, al descender de las nubes errantes se posaba en los frutales del fondo de la casa. Allí se daban, arribadas de otro planeta (un planeta suave), oscurecidas por los laberintos de hojas, las plantas de tuna. Al encontrarse con unos charcos, los ponía enseguida de un azul rabioso, furiosa de verse presa en esas nadas de agua capaces, así y todo, de proclamar el cielo, (…) iba y venía, no se quedaba quieta nunca, y nosotros con ella.

  

TRAMAS EN LA PENUMBRA

“Un sentido abrigado en la bruma” reescribe los reflejos como “Luz ausente” en la cuarta canción del disco.

Es extraño el modo en que alumbra lo que falta, “la tarde/de su infancia/para siempre girando hacia el borde de otros mundos”. Extraños son los contornos de lo que persevera, aun sin estar: “Por la calle/tras la niebla aún ve/su reflejo en la luminosa marquesina”. Y más extraña aun, la forma en que detenciones e inauguraciones dibujan el movimiento: “Un cometa frena su vuelo/Un destino se conquista más allá”.

Y, aunque caiga el placebo de lo lógica, su trampa de causas y consecuencias; aunque solo sea posible pensar sin explicar, “las historias/se conectan pues/se suceden, miran con un sesgo misterioso”.

Y a pesar de que “para siempre mira con lejana luz ausente”, la distancia es siempre cuestión de perspectiva; el misterio, un punto del tejido que se escurre de nuestras agujas.

Autorretrato, Rembrandt

Aun así, entre misterio y duda, entre entendimiento y cerrazón, el claroscuro parece un sitio honesto para habitar.

 

 

POR UN DETALLE

“La distopía del nuevo milenio /imaginaba un regreso a la fuente /En el verano del cono profundo/Piedras y pechos en danza de muerte /Rompen las promesas las alianzas/ Furia en la ciudad”

Y eso recién comenzaba. Cómo imaginar que, entre supersticiones y anhelos, el famoso año 2000 inauguraba una era de hipercompetencia, precariedad permanente, presión por el rendimiento, sobreexposición digital. Cierto que el asunto había comenzado antes. Pero la aceleración de la “fábrica de infelicidad”, como la llama Bifo Berardi, entró en una escalada de ansiedad, depresión y sensación de fracaso, y tornó en violencia hacia otros o hacia nosotros mismo: “Mundo de espejos, luces veloces, inercia final”.

Sin embargo, a pesar de saturación de imágenes violentas, la reducción del lenguaje a mensajes rápidos, la pérdida de empatía, Suma cero, el quinto tema del disco afirma: “Alguien nuevo nacerá /Su mirada estará aquí/Mundo de espejos, luces veloces, inercia final /Otro mundo nacerá/ Otro mundo nacerá/Otro mundo nacerá”. Triple afirmación de esta nueva formación trigémina, que en el 2025 vuelve a tener cinco integrantes.

Fotografía: Diego Prol

Triple afirmación que, en un arco de la memoria, me recuerda a una película de 1998, Corre, Lola, corre. Dirigida por Tom Tykwer, cuenta la historia de Lola y Manni, una pareja en Berlín. La película parte de una misma situación inicial: Manni pierde 100.000 marcos que debía entregar a un criminal y solo tiene 20 minutos para conseguir el dinero, o las consecuencias serán graves. Desesperado, llama a Lola para pedirle ayuda. A partir de ahí, veremos tres versiones distintas de lo que ocurre mientras Lola corre contra el tiempo. En cada “carrera”, pequeños detalles -un tropiezo, una palabra, un encuentro-cambian el curso de los acontecimientos y llevan a finales diferentes.

Un tropiezo, una palabra, un encuentro. Otro mundo nacerá.

 

REGAR EL HUECO

 

En la maravillosa edición del video clip de El mensajero del atardecer, arde un bandoneón, arde una batería, arde el rock progresivo en un afiche de Trigémino. La escena sugiere, entre otras desgracias, algo tan terrible como la muerte de la música.

¿Qué haremos si ese día llega? En los años 70, contestaba el estadounidense Don Mc Lean, con su tema, American Pie. Lanzada en 1971, es la narración de un duelo cultural. “El día que murió la música” refiere al día de la muerte del cantante de rock, Buddy Holly: “Mientras los sargentos tocaban una melodía de marcha/Todos nos levantamos para bailar/¡Pero nunca tuvimos la oportunidad!/Porque los jugadores intentaron tomar el campo/ La banda de marcha se negó a ceder/¿Recuerdas lo que fue revelado el día en que murió la música?”

La canción funciona como una despedida de una época menos cínica, donde la música parecía unir a la gente. Es un lamento y una pregunta: ¿y ahora qué?, ¿y ahora, cómo?

El mensajero del atardecer retoma la dirección de aquel reclamo, en un tiempo donde, en palabras de Miguel Benasayag, los medios construyen el sentido de lo que pasa. Deciden qué es importante, qué se ignora, cómo se interpreta el mundo: “Hoy el mensajero del atardecer/Alegremente dará a conocer/Algo aterrador/Con esa soberbia del ser superior/Que nos señala lo que es mejor/Y lo que no.”

 

Quino

Pero contra esa conquista del deseo y de la fuerza deseante, contra ese “Hueco seco” que pretende “clausurar las voces en flor”, Bensayag propone prácticas locales y comunitarias, vínculos reales, cara a cara, acción política situada.

Y Trigémino, Don Mc Lean, se opone tajantemente a la muerte de la música. Si florece la voz, siempre se podrá escuchar “desde el alma, o en una canción.”

 

SACATE LA CAPA

 «Coro» viene del latín chorus, que a su vez procede del griego antiguo χορός (chorós): danza, grupo de danza, espacio circular donde se danza. Hermoso: para los griegos había una palabra que significaba, a la vez, las personas, el lugar y la acción. En la Grecia clásica, el chorós era el grupo que cantaba y bailaba en las tragedias y comedias. En el latín y en las lenguas romances, chorus conservó la idea de conjunto de voces y también, a veces, el lugar del templo donde se sitúan los cantores.

Si bien la tragedia griega, no abunda en personajes centrales marginales o populares, el coro sí toma con frecuencia el sitio que emite la voz del pueblo.

El séptimo tema de este disco, Tu pesadilla gira, es una composición verdaderamente trigémina: tres coros, tres personajes. Lo que comienza como un simple coro:Triste duelo, gris el miedo”; “Honor, valor, rigor”, deviene en un coro popular religioso: “Todos tenemos un dios (o dos) /Todos tenemos un sol”, y termina en un coro fantasmal:Tu pesadilla gira y gira/Al estallido remolino/De mi luz”.

A su vez en esta especie de tragedia criolla, se alternan tres personajes. Si seguimos la letra de Disculpen la modestia, de la banda Mano a Mano “Hay una grieta sin duda, que sirve pa´ dividir, el que trabaja pa´ vivir y el que vive de los que laburan”, en Tu pesadilla gira, hay dos personajes que entran en el primer grupo. Uno, casi en los bordes del mundo: “Otra vez seguir/La sombra en la pared/Espejo negro sin poesía”, del otro lado de la obtusa ley; y el otro, el representante de la disciplina: “Otra vez salir/De madrugada del cuartel/Abanicando informaciones.” Grieta más dura aún que la del tema de Mano a Mano, esta enfrenta lo que debería ir unido.

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El tercer personaje es un narrador, una especie de corifeo que, entre otras cosas, declara: “Manifiesto atroz/Rugen el odio del patrón/En la liturgia vespertina/Repartija cruel/Crecen balances a granel/Mientras derraman simetrías/De ficción/Marionetas clandestinas”.

De todos los personajes, este tema lo cierra el coro fantasmal, en un anticipo de los espectros que aparecen al final del disco.
Sin embargo y, aunque la canción no lo diga, siempre queda la inclinación hacia la luz, la vida girada hacia el reflejo, contra la “luz azul” del patrullero. La sombra es nomás la capa de invierno del sol.

Banksy

 

LA OCTAVA CASA

Lo más tibio, lo más propio, lo más sin nombre parece susurrarse en el borde del sonido, en la frontera de las palabras: “Caminar/Silencio y frío/Te verás/Bordeando el mar /Pero el sol/Se acercará/A entibiar/Con su luz”. Sin embargo, la luz misma no es instantánea, viaja y tarda en llegar. Tal es así que, según dicen los que saben, muchas de las luces que vemos en el cielo nocturno no son más que el fantasma de estrellas ya muertas, la estela de un largo viaje hasta nuestros ojos.

Y más, desasida de sí, la luz atraviesa un prisma, y aparece el espectro: lo que parecía una unidad, en realidad es una multiplicidad invisible.

Lo saben los árboles y las plantas, que la beben y alquimizan.

Lo saben lo animales, que orientan su camino tras el ciclo de la luz.

Lo saben los elementos en el agua y en la tierra, en todo crisol que, sin urgencia, corre hacia su vida.

Como una canción que se desata rumbo a su octava casa, su “espectral confesión”.

Fotografía, Milena Stoppelman
Corre hacia tu vida vuelve a presentarse en su versión acústica, 
el 20 de marzo de 2026, en Cuerda Mecánica, Juramento 4686, CABA.

La versión eléctrica y el festejo del cincuentenario de Trigémino 
será el 7 de agosto, en La Carbonera, Carlos Calvo 299, CABA.

 

 

Todas las composiciones son de Minissale/Raffo/Garófalo excepto 
“Corre hacia tu vida”, de Minissale/Raffo/Garófalo/Pusineri

Jorge Minissale: guitarras y voces

Juan “Pollo” Raffo: teclados y voces

Héctor “Cote” Conrado: voces

Lalo Calello: bajo

Fernando Samalea: batería y percusión

Invitados
Carlos Garófalo: voz 
Marco Tulio Pusineri: voz 
César Silva: steel guitar.

Arte tapa:
"Vuelo Nocturno" de Guillermo Caputti (1957/2017)

 

 

Referencias:

(1) Página 12, entrevista, 07/09/2019, Por Cristina Vitale

(2) Clarín, entrevista del 06/09/2019, por Eduardo Slusarczuk

(3) Tiempo Argentino, diciembre de 2025.

(*) las fotos marcadas con asterisco fueron proporcionadas por Javier Fontenla
Hugo Lagar, Jorge González y Gianni HB.

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